Aprender a ver sin los cristales de los conceptos aprendidos

Los conceptos e ideas aprendidas, son solo el polvo del tiempo que pasa de generación en generación. Por ello…siempre es lo mismo en el mundo.
Extracto de “la razón de la sinrazón”

Sé que puede resultar difícil leer libre de los conceptos que nos condicionan, y esto es, porque vivimos identificados con dicha información y la tomamos como verdad.
Y además, la enarbolamos como una bandera que nos identifica y que nos defiende de los que piensan diferente a nosotros. Pero es indispensable comprender, que dicha enseñanza, solo nos forma intelectualmente, pero limita y ata nuestro propio desarrollo interior. Y recuerda esto siempre… vivir enganchado en los conceptos mentales, es estar morando en la inexistencia, porque solo se está viviendo una mentira que se piensa así misma como realidad, porque no le gusta reconocer otra cosa, más que su propia imagen que se refleja como sombra, pero que se percibe así misma como luz, o como la verdad.

Es decir, el verdadero hombre se encuentra detrás de la mentira de sí mismo, falsedad que le puede hacer sentir un título, o de la apariencia que le hiciera sentir algún nombramiento “oficial”; por lo tanto, se debe hacer a un lado el reflejo engañoso que cubre al verdadero ser, para en verdad conocer que somos en realidad.
Por ejemplo, a un doctor lo etiqueta o valida un título, y lo emblema o uniforma, una vestidura blanca, y se reconoce a sí mismo como tal, y no se le ocurre concebir otra realidad, puesto que para ello estudió. Cuando se vive dentro de un uniforme militar o dentro de alguna vestidura representativa, cuesta trabajo encontrar al verdadero hombre detrás de la apariencia. Ya que dicho uniforme, lo obliga a que actué contrario a las razones de la
conciencia. Y es movido éste, bien por su soberbia, por su deber, las condiciones, lo aprendido, las costumbres, los hábitos y las creencias dogmáticas que lo invistieron con dicho adorno “oficial”, pero muy superficial.

Perdiendo así, su propia individualidad, y confunden entonces, lo aparente con la realidad, lo efímero y pasajero con lo eterno. Y se convierten en muñecos disfrazados con un atuendo, con el propósito de ejercer la función para la cual se prepararon. Y dicho uniforme les da y genera un poder psicológico-emocional muy personal, -pero avalado por “sus superiores”,- el cual, neutraliza por completo el llamado de la razón, y convierten al individuo, en un títere al servicio del sistema gobernante, controlador y sometedór de las voluntades humanas.


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