MORANDO EN LA INEXISTENCIA

¿Y de que han servido los libros sagrados del mundo cuando el hombre prefiere envolverse de la ignorancia terrenal? ¿Y de que los mensajes liberadores de aquellos grandes maestros, cuando el hombre se ata solo al ruido de la palabra muerta, la cual solo queda en el conocimiento ortodoxo del intelecto? Los grandes mensajeros en quienes la luz ha descendido para hacer el llamado a la humanidad perezosa, ciega y sorda, y quien está acostumbrada a las penumbras y al ruido; no han comprendido el mensaje ni reconocen la luz la cual es su propio origen; Y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron. Juan 1:5 A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Juan 1:11

Y así, matan lo sagrado de la palabra y quieren dar vida a la letra muerta, realizando rituales dentro de los templos hechos por el hombre. Templos adornados de vanidad y ceguera de los creyentes, donde ofrecen a la ignorancia humana la salvación para el alma, que lenta perece entre el dolor insoportable de las tinieblas ignorantes de la luz.

Vivimos con la mirada puesta en la apariencia; planes, proyectos, sueños etcétera.
Coexistir con la idea de conquistar un status social o alguna fama para ser reconocidos entre cierto nivel de personas, eso es estar sumergido en la ficción. Aunque se crea y se piense que al alcanzar alguna posición económica holgada, se tendrá todo.
Lo corruptible, corruptible es. No es eterno, y lo que no es eterno no es nada.
Y si la humanidad anda detrás de lo corruptible tomándolo como basamento de vida, solo se viste de corruptibilidad el hombre.
Y desaparece éste, junto con su vanidad en la insustancial inexistencia.

Y así, la vida se le vuelve solo un sueño que se evapora junto con la nada. Puesto que le da un enfoque equivocado a su vida, en donde lamentablemente, por seguir el derrotero que le enseña el mundo, lo pierde todo… su misma vida… su alma.

Tenerlo todo en el mundo no significa necesariamente no tener nada, siempre y cuando se tenga a sí mismo. Porque cuando se es consciente de sí mismo, no existe el apego hacia las cosas corruptibles porque se es consciente que en algún momento pueden desaparecer; no está la mirada puesta en ello, sino en lo más alto… en lo verdaderamente sagrado… porque es lo eterno.
La inteligencia suprema no nos dio la vida –contrario a lo que cualquiera pueda pensar-, para que la perdiésemos siguiendo o buscando un pokémon,
que es exactamente lo mismo ilusorio y pasajero que se sueñe tener en el mundo.
El propósito de la existencia, es muy superior a cualquier sueño de grandeza humana; es en verdad darnos cuenta de que nos encontramos perdidos entre los laberintos corruptibles del sueño humano, y comenzar a liberarnos de esas vaguedades que nos tienen amordazados los ojos del espíritu. Y por esa razón, no podemos reconocer el hecho de que nos encontramos viviendo entre una verdadera inmundicia; y esto, aunque asistamos a la iglesia más hermosa del pueblo, o visitemos los centros comerciales más caros y ostentosos del mundo.

Lo corruptible solo genera más corrupción, y los hombres acaban con su vida ente ello. No hay consciencia del estado tan deprimente y absurdo en que se mueve y vive la humanidad entera.

¡Oh! si el hombre tuviera la capacidad de ver el lodo en donde se encuentra, no perdería su tiempo buscando las vanas temporalidades de este pasajero sueño, el cual, deberíamos de aprovechar para despertar a otra realidad, que no es otra cosa, más que la toma de consciencia hacia sí mismos.
Y así, dejar de extraviarnos dentro del laberinto de las creencias humanas, para reencontrar el camino de regreso a la verdad. Sagrada verdad que habita en nuestro interior, y que por supuesto, nunca se podrá encontrar en ninguna congregación externa, ni en templo alguno hecho por la mano del hombre.


Porque el templo vivo que la totalidad inteligente creo y lo lleno de vida para que llegásemos a la abundancia, es nuestro cuerpo; el cual está dotado de un corazón y una mente, para que pudiésemos llegar con ello cada cual, a la inteligencia suprema del espíritu, y eso no se alcanza ni se logra viviendo fuera de nosotros, ni siguiendo personaje externo alguno.



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